Mi abuelo era un hombre de pocas palabras y bastante serio. Mi abuelo tenía la piel morena y la llena de lunares por el sol, el pelo blanco y unos ojos claros de mil colores. Mi abuelo creció en un pueblo pequeño en el que tuvo que trabajar desde niño, tuvo que marcharse de allí tres días después de su boda con mi abuela en busca de trabajo en tierras vascas y apunto estuvo de marchar aun más al norte, a un lugar de lengua extraña en busca de mejor suerte. Mi abuelo trabajó mucho y cuidó de mi y de mi hermano cuando mis padres tuvieron que trabajar el día entero. Mi abuelo estaba en casa para despertarme y desayunar conmigo, mi abuela me llevaba hasta la puerta cantando y mi abuelo me recogía con un sonrisa, y era suficiente. Mi abuelo comía conmigo y me ponía nerviosa cuando sorbía la comida. A mi abuelo le gustaba estar en la huerta, cuidar de la perra y jugar con mi hermano, construir cosas con maderitas y ver el futbol. Si mi abuelo hubiese escrito una lista habría escrito: "que mis nietos vayan a la universidad", para el esto era una gran cosa, algo que el no tuvo la oportunidad de hacer y una oportunidad que sus hijos rechazaron. Mi abuelo me decía: "veras cuando les diga a todos que tengo una nieta universitaria", "qué psicóloga más bonita vas a ser". Mi abuelo murió hace poco más de 5 años, unos meses antes de que yo comenzara la universidad. Hoy me gradúo y daría cualquier cosa por que la entrada como mi acompañante la usara él.
Estos días mi abuela y yo no hemos dejado de pensar en mi abuelo, en cómo lloraría emocionado por que me gradúo, y es que mi abuelo además era muy llorón. Mi abuela me habla de él, y yo sonrío y no puedo pronunciar palabra, si lo hiciese lloraría hasta crear un mar de lágrimas. Yo no tengo los ojos de mil colores y mi piel no tiene más que tres lunares, pero de mi abuelo heredé la lágrima fácil.














